Cuando el Turismo es algo más que visitar un monumento

Muchas eran las ocasiones  que había oído hablar de él, del halo de misterio que todavía conservan sus paredes a pesar de los años, de su historia y de su entorno, de su inmensidad…

La primera  vez que lo visité fue en primavera. Romeros, aliagas y tomillos lucían su mejor aspecto. Me costó localizarlo, a pesar de las minuciosas indicaciones que me habían dado. A punto estuve de abandonar cuando, sin casi darme cuenta, allí estaba: el Convento del Desierto de Calanda se levantaba señorial como si estuviera esperando mi visita. Y desde luego, no se parecía en nada a lo que había imaginado. Sus grandes dimensiones contrastaban con la fragilidad de sus muros, hoy llenos de vegetación que, poco a poco, se estaba apoderando de la majestuosidad que un día lució este edificio. Y el silencio sobrecogedor… inundaba todas las estancias del Convento.

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Imagen de Isaac García Meroño

A pesar de su actual estado de abandono, todavía hoy se puede contemplar la gran cúpula de la iglesia, que a duras penas se sostiene, el claustro y diversas dependencias de sus antiguos moradores que nos muestran la grandiosidad y la importancia de la que un día disfrutó.

No perdáis la oportunidad de conocer este lugar, este rincón del Bajo Aragón conocido como “El Escorial aragonés”. Seguro que, como yo, recordareis esta visita para siempre.

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Fotografía de Héctor Izquierdo

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